Pesegueiro de libertades

28/09/09

Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo

Filed under: Uncategorized

tuareg

-No sé mi edad: nací en el desierto del Sahara, sin papeles…!Nací en un campamento nómada tuareg entre Tombuctú y Gao, al norte de Mali. He sido pastor de los camellos, cabras, corderos y vacas de mi padre. Hoy estudio Gestión en la Universidad Montpellier. Estoy soltero. Defiendo a los pastores tuareg. Soy musulmán, sin fanatismo.
- ¡Qué turbante tan hermoso…!
- Es una fina tela de algodón: permite tapar la cara en el desierto cuando se levanta arena, y a la vez seguir viendo y respirando a su través.
- Es de un azul bellísimo…
- A los tuareg nos llamaban los hombres azules por esto: la tela destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados…
- ¿Cómo elaboran ese intenso azul añil?
- Con una planta llamada índigo, mezclada con otros pigmentos naturales. El azul, para los tuareg, es el color del mundo.
- ¿Por qué?
- Es el color dominante: el del cielo, el techo de nuestra casa.
- ¿Quiénes son los tuareg?
- Tuareg significa “abandonados”, porque somos un viejo pueblo nómada del desierto, solitario, orgulloso: “Señores del Desierto”, nos llaman. Nuestra etnia es la amazigh (bereber), y nuestro alfabeto, el tifinagh.
- ¿Cuántos son?
- Unos tres millones, y la mayoría todavía nómadas. Pero la población decrece… “¡Hace falta que un pueblo desaparezca para que sepamos que existía!”, denunciaba una vez un sabio: yo lucho por preservar este pueblo.
- ¿A qué se dedican?
- Pastoreamos rebaños de camellos, cabras, corderos, vacas y asnos en un reino de infinito y de silencio…
- ¿De verdad tan silencioso es el desierto?
- Si estás a solas en aquel silencio, oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor lugar para hallarse a uno mismo.
- ¿Qué recuerdos de su niñez en el desierto conserva con mayor nitidez?
- Me despierto con el sol. Ahí están las cabras de mi padre. Ellas nos dan leche y carne, nosotros las llevamos a donde hay agua y hierba… Así hizo mi bisabuelo, y mi abuelo, y mi padre… Y yo. ¡No había otra cosa en el mundo más que eso, y yo era muy feliz en él!

- ¿Sí? No parece muy estimulante. ..
- Mucho. A los siete años ya te dejan alejarte del campamento, para lo que te enseñan las cosas importantes: a olisquear el aire, escuchar, aguzar la vista, orientarte por el sol y las estrellas… Y a dejarte llevar por el camello, si te pierdes: te llevará a donde hay agua.
- Saber eso es valioso, sin duda…
- Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme valor!
- Entonces este mundo y aquél son muy diferentes, ¿no?
- Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!
- ¿Qué es lo que más le chocó en su primer viaje a Europa?
- Vi correr a la gente por el aeropuerto.. . ¡En el desierto sólo se corre si viene una tormenta de arena! Me asusté, claro…
- Sólo iban a buscar las maletas, ja, ja…
- Sí, era eso. También vi carteles de chicas desnudas: ¿por qué esa falta de respeto hacia la mujer?, me pregunté… Después, en el hotel Ibis, vi el primer grifo de mi vida: vi correr el agua… y sentí ganas de llorar.
- Qué abundancia, qué derroche, ¿no?
- ¡Todos los días de mi vida habían consistido en buscar agua! Cuando veo las fuentes de adorno aquí y allá, aún sigo sintiendo dentro un dolor tan inmenso…
- ¿Tanto como eso?
- Sí. A principios de los 90 hubo una gran sequía, murieron los animales, caímos enfermos… Yo tendría unos doce años, y mi madre murió… ¡Ella lo era todo para mí! Me contaba historias y me enseñó a contarlas bien. Me enseñó a ser yo mismo.
- ¿Qué pasó con su familia?
- Convencí a mi padre de que me dejase ir a la escuela. Casi cada día yo caminaba quince kilómetros. Hasta que el maestro me dejó una cama para dormir, y una señora me daba de comer al pasar ante su casa… Entendí: mi madre estaba ayudándome…
- ¿De dónde salió esa pasión por la escuela?
- De que un par de años antes había pasado por el campamento el rally París-Dakar, y a una periodista se le cayó un libro de la mochila. Lo recogí y se lo di. Me lo regaló y me habló de aquel libro: El Principito. Y yo me prometí que un día sería capaz de leerlo…
- Y lo logró.
- Sí. Y así fue como logré una beca para estudiar en Francia.
- ¡Un tuareg en la universidad. ..!
- Ah, lo que más añoro aquí es la leche de camella… Y el fuego de leña. Y caminar descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas: allí las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es distinta cada cabra… Aquí, por la noche, miráis la tele.

- Sí… ¿Qué es lo que peor le parece de aquí?
- Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis. ¡En Francia se pasan la vida quejándose! Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia de poseer, frenesí, prisa… En el desierto no hay atascos, ¿y sabe por qué? ¡Porque allí nadie quiere adelantar a nadie!
- Reláteme un momento de felicidad intensa en su lejano desierto.
- Es cada día, dos horas antes de la puesta del sol: baja el calor, y el frío no ha llegado, y hombres y animales regresan lentamente al campamento y sus perfiles se recortan en un cielo rosa, azul, rojo, amarillo, verde…
- Fascinante, desde luego…
- Es un momento mágico… Entramos todos en la tienda y hervimos té. Sentados, en silencio, escuchamos el hervor… La calma nos invade a todos: los latidos del corazón se acompasan al pot-pot del hervor…
- Qué paz…
- Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo.

27/09/09

Vídeo: Una centésima de segundo

Filed under: Sociedad y Justicia

Uno de los vídeos más impactantes que he visto últimamente. Para que penséis un buen rato.
¿Qué es lo peor: la guerra, la ambición de la fotógrafa, la sociedad que le aplaude, la entrega de un premio….?

http://video.bugun.com.tr/bugunPlayer.swf?file=dagilfilm.flv

06/09/09

La industria del miedo

Filed under: Sociedad y Justicia

Muchas veces funcionamos sugestionados por cosas que acabamos de ver u oír. Por ejemplo cuando de pequeños miramos debajo de la cama después de ver una película de miedo.

Este verano una serie de casualidades se juntaron en pocos días y es por eso que escribo este post.

Resulta que estaba leyendo el libro “Patas arriba” de Eduardo Galeano, y uno de sus capítulos habla de la industria del miedo, es decir, de como muchos negocios han crecido gracias al miedo con el que vivimos hoy en día en muchas ciudades del mundo. Se refiere por ejemplo a cámaras de seguridad, alarmas, cárceles, etc… Una de las conclusiones es que sin miedo estos negocios no serían rentables, por lo tanto ¿qué necesitan estas empresas para ganar clientes?…MIEDO.

Otor día de este mismo verano estaba en la cocina con mis dos hijos cuando vi un coche que entraba en la finca marcha atrás, y bajaban de él un señor de unos 40 años y dos niños de entre 8 y 16 años, de raza gitana. Todos hemos oído historias de gitanos desde niños, e incluso el término gitano se sigue utilizando en algún caso en modo despectivo, y es muy difícil deshacerse de muchos de estos tópicos. Salí y les di los buenos días y me preguntaron que dónde vivía un vecino. Les expliqué cómo llegar a su casa y marcharon. Entré en casa con mis hijos y mi cabeza hizo un repaso a la situación. Habían entrado con el coche en mi finca sin pensarlo, se habían bajado y caminaban hacia la puerta como Perico por su casa, los niños miraban todas las cosas con descaro, y sí, algo me pasó por el estómago. Como ya he dicho es muy difícil deshacernos de nuestros prejuicios.

Una o dos horas después estaba en le porche seleccionando las patatas buenas de la cosecha y almacenándolas en cajas, cuando apareció un coche que aparcó a la puerta de la finca, y bajaron dos jóvenes con muy buena presencia, es decir, de mi raza, que me saludaron con un “buenos días señon, ¿tiene usted un momento?”. Siguieron diciéndome que eran de la empresa de seguridad “Securitas Direct”, y que estaban de promoción por la zona, que si te salía gratis esto, que si te salía más barato lo otro, y que sólo era durante esa semana, que después los precios volverían a ser los mismos. Les dije que no necesitaba ninguna alarma, que dentro de casa no había cosas de valor, y que en el lugar en le que vivía NO TENÍA MIEDO. Después de un par de intentos más por su parte de convencerme, se dieron por vencidos, y cuando les volví a decir que no tenía MIEDO, me contestó, uno de los jóvenes de buena presencia y de mi raza:

-ESO SERÁ HASTA EL DÍA EN QUE TE PONGAN UNA PISTOLA EN LA CABEZA

Las reflexiones pueden ser varias, pero yo voy a dar mi opinión sobre el asunto.

Como el negocio de la seguridad se basa en el miedo, los gitanos que previamente se presentaron en la finca con tanto descaro eran compinches de los jóvenes de buena presencia de “Securitas Direct”. Probablemente una persona que no estuviera leyendo el libro “Patas arriba” o que lo estuviera leyendo pero no llegase a la parte de La Industria del Miedo, contrataría inmediatamente los servicios de la empresa de seguridad para quitarse ese miedo. Y la última frase que me espetaron era una forma de hacer negocio, es decir, dejar el miedo merodeando por mi vida para que algún día contrate sus servicios.